PREGUNTAS FRECUENTES

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PREGUNTAS FRECUENTES

La familia Mestres, documentada en Sant Sadurní d’Anoia antes del 1312 como propietaria de viñedos y también como comerciantes de cereales y vinos, se ha mantenido vinculada al mundo vinícola durante 28 generaciones. En su momento se tomó la fecha de 1312 como el año de fundación de las Cavas Mestres. Así consta en las primeras etiquetas del vino espumoso 1312.

La Navidad de 1928 salió al mercado la primera botella de Cava Mestres, que Josep Mestres Manobens elaboró ​​en 1925. A partir de esta fecha, la familia se especializó en la elaboración de vinos espumosos de larguísima crianza a partir del método tradicional y alcanzó cotas de calidad destacadas y reconocidas tanto por los mismos elaboradores de Cava del Penedès como por los clientes de la buena mesa. El ánimo de conseguir la excelencia y el espíritu de innovación han marcado la filosofía de Mestres desde el primer día.

Mestres se ha significado por sus largas crianzas en la tranquiladad y la penumbra de las cavas históricas del corazón de Sant Sadurní d’Anoia, donde nuestros vinos están largo tiempo en contacto con sus lías. En Mestres, donde las larguísimas crianzas son uno de los principales signos de identidad, se utilizan dos tapones de corcho para elaborar cada botella. La primera fermentación y la crianza del vino base se realiza en barrica de roble francés, con sus propias lías durante seis meses. La segunda fermentación en botella es con el primer tapón de corcho 100% natural, en posición horizontal en rima, y ​​con una crianza mínima de 42 meses en botella con sus lías.

En Mestres apostamos plenamente por las variedades autóctonas blancas tradicionales, las más arraigadas a nuestra tierra. Nuestras viñas viejas fueron plantadas hace entre 40 y 80 años. La cosecha, siempre de rendimientos bajos, es manual y en cajas para preservar al máximo la calidad de las uvas.

En Mestres todos los cavas se crían con tapón de corcho natural, siguiendo una tradición ancestral. Es el gran guardián de nuestros cavas de muy larga crianza. El corcho es un material con unas características químicas y físicas que lo hacen único, y es un producto natural que fija el dióxido de carbono de la atmósfera y contribuye a la mitigación del cambio climático. El corcho es un material de origen vegetal que se puede extraer sin herir el árbol y que se regenera con el paso de los años. Permite un equilibrio sostenible entre la gestión agroforestal y la acción del hombre. También es un claro ejemplo de economía circular. Las largas crianzas con tapón de corcho natural, además, doman la efervescencia y afinan nuestros vinos, aportándoles una gran riqueza de matices.


Se trata de la operación específica a través de la cual se eliminan con facilidad las madres muertas en los vinos espumosos de calidad consiste en girar y elevar progresivamente las botellas en el pupitre hasta dejarlas finalmente en posición vertical, de modo que los levaduras muertos estén concentrados en el cuello de la botella y puedan ser eliminados fácilmente. Puede ser realizado manualmente o mecánicamente, con los llamados ‘giropalets’. En Mestres todos los removidos se realizan de manera artesanal (manual).

El degüelle consiste en la eliminación de los sedimentos procedentes de la segunda fermentación, una vez finalizada la crianza. Puede realizarse de forma manual o mecánica. Una vez realizado el degüelle, se añade el licor de expedición, que puede estar formado de azúcares, vinos base y, en función del cavista, de diferentes destilados vínicos (vinos envejecidos en barricas, etcétera) que aportan al cava un bouquet particular, el sello de cada casa. En Mestres el degüelle es artesanal (manual) i la mayoría de los productos sin dosificación.

Al finalizar la segunda fermentación, las levaduras mueren y se depositan en el fondo de la botella. Es en este momento cuando comienza la crianza. Una vez el vino base cava está embotellado, las botellas duermen en penumbra colocadas en la profundidad de la cava, apiladas en rimas. La crianza es el tiempo de contacto de las levaduras con el cava. Es de un mínimo de 9 meses, sin existir un límite máximo. Entorno a los 15 meses de crianza se produce el momento más mágico, conocido como autolisis. Consiste en que las células de las levaduras que conforman las levaduras comienzan a ceder componentes al cava, aportando las llamadas aromas terciarios al vino, como los de frutos secos, tostados, bollería, tofes, caramelo… Este proceso aporta mayor complejidad al cava y es característico de los cavas de mayor crianza, como los de Mestres.

La indicación «Gran Reserva» únicamente podrá utilizarse en la presentación de un cava de los tipos “Brut Nature”, “Extra Brut” y “Brut”, cuya crianza, contada desde el momento del tiraje hasta el degüelle, no sea inferior a treinta meses y se haya realizado dentro de la misma bodega. Además, todo el proceso de elaboración deberá transcurrir en la misma botella, no aceptándose el transvase. Es obligatoria la indicación del año de cosecha en el etiquetado de los cavas que ostenten la mención “Gran Reserva”. La fecha del degüelle es una mención facultativa. Todos los cavas de Mestres son Gran Reserva, ya que la botella más joven tiene 42 meses de crianza.

Las variedades de vid autorizadas para producir uva destinada a la elaboración de vino base y cava son, en el caso de  las variedades de uva blanca: Macabeo, Xarel·lo, Parellada, Malvasía Riojana y Chardonnay. En el caso de las variedades de uva tinta, están autorizadas la Garnacha tinta, la Monastrell, la Pinot Noir y la Trepat. A Mestres, Xarel·lo, Macabeu i Parellada, para nuestros blancos  i Trepat, Monastrell i Garnatxa tinta para nuestro rosado.

Los cavas Brut Nature contienen entre 0 y 3 gramos de azúcar por litro. La mención Brut Nature únicamente podrá utilizarse en caso de que no se añadan azúcares después del degüelle. Mestres es el padre de los Brut Nature, el primer producto sin adición de azúcar salió al mercado en el año 1948 (VI SOL) cuando todavía no existía el concepto Brut Nature.

El cava es uno de los vinos del mundo con mayor versatilidad gastronómica. Hay un cava para cada ocasión y para cada plato. Los cavas se clasifican según su contenido en azúcares, desde el Brut Nature al Dulce. La diversidad es amplia, en función de los azúcares añadidos. En Mestres nos distinguimos por los Brut Nature de larga crianza i su adaptación y versatilidad gastronómica.


Los cavas contienen flavonoides. Se trata de taninos con propiedades antioxidantes. Son componentes del vino beneficiosos para combatir enfermedades coronarias. Además de contribuir a disminuir el riesgo de enfermedades cardíacas, los flavonoides tienen propiedades muy apreciadas por su poder antimicrobiano y anticancerígeno. El consumo, sin embargo, siempre debe ser responsable.

Degustar el cava a la temperatura apropiada es uno de los pequeños secretos para disfrutarlo plenamente. El cava debe servirse entre los 5º y los 8º, siendo los de más larga crianza, como los de Maestros, los que servirán menos fríos. Además temperatura, más sensaciones.

El cava debe enfriarse durante unas horas en el frigorífico o bien durante unos 30 minutos en una cubitera con agua y hielo (esta última es la mejor opción). Debería evitarse el congelador ya que un violento cambio de temperatura podría perjudicar las virtudes de un producto tan cuidado. Con los cavas de Mestres les recomendamos 15 minutos en la cubitera.

Son los aromas propios de los cavas de mayor guarda, como los de Mestres. Son aromas que recuerdan los frutos secos o la miel. También son aromas de especias, de corteza de pan, tostados, moca o cacao.

La media de precipitaciones caídas oscila en torno a los 550 litros anuales (un 80% se recogen en primavera y otoño)

Durante la época vegetativa la insolación es total y suma unas 2.500 horas de sol anual (1.700 en la Champagne). La temperatura media se sitúa entre los 14 y los 15º.

La cantidad de gas que contienen los cavas y vinos espumosos se mide en atmósferas. Una atmósfera equivale a 1,1kg por cm2. Cuando el cava ha finalizado su segunda fermentación, la presión dentro de una botella puede llegar a las 6 atmósferas (la presión del neumático de un coche suele estar entre 2 y 2,5 atmósferas).

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